El carcinoma o epitelioma basocelular es el tumor maligno epitelial más frecuente del ser humano. En EEUU representa el 25% de todos los cánceres diagnosticados y alrededor del 60% del total de los casos de cáncer de piel. Se estima que la tasa de incidencia anual crece a un ritmo del 3-10% en la población de raza blanca. Casi nunca genera metástasis y se caracteriza por un crecimiento lento, pero que sin el tratamiento adecuado puede llegar a producir invasión local con importante daño tisular y compromiso funcional y/o estético. Las complicaciones más frecuentes son la hemorragia e infección secundaria.

Es más frecuente en personas de piel blanca, pelo rubio o pelirrojo y ojos claros y en aquellos con exposición excesiva a la luz solar. La inmensa mayoría de los casos se dan en personas mayores de 40 años, aunque también vemos casos antes de esa edad. Las lesiones suelen ser únicas, aunque no son infrecuentes las lesiones múltiples. Predomina en la cara (94%), especialmente en dorso de nariz, mejillas, párpados, región frontal y nasolabial.

Carcinoma basocelular 1

En cuanto a las causas que lo originan, intervienen la predisposición genética y la exposición a factores ambientales, entre los que destaca la exposición prolongada a la luz ultravioleta. En la actualidad se considera que el patrón de exposición solar intermitente (sobre todo si ha sido en la infancia o adolescencia) y una historia de quemaduras solares, son los principales responsables de este tumor. Las enfermedades genéticas que suelen concurrir con estas neoplasias son el xeroderma pigmentoso y el síndrome de Gorlin.

El aspecto clínico de los carcinomas basocelulares es muy variado. La evolución es lenta y generalmente son asintomáticos. El primer síntoma puede ser la presencia de erosiones o sangrado con mínimos traumatismos. Se distinguen 5 tipos de carcinoma basocelular: nodular, ulcerativa, esclerosante, superficial y pigmentado.

El carcinoma basocelular suele manifestarse clínicamente como pápulas o nódulos de apariencia translúcida y borde perlado, en cuya superficie se pueden apreciar telangiectasias (pequeños vasos capilares dilatados). Se localiza con más frecuencia en la cara, aunque también pueden verse afectados la espalda y las extremidades.

Los carcinomas basocelulares son fácilmente detectables mediante una adecuada exploración física con buena iluminación y dermatoscopia. El diagnóstico es clínico y se confirma por anatomía patológica. El carcinoma basocelular superficial puede confundirse con la queratosis actínica o con la enfermedad de Bowen, en caso de duda recurriremos a la realización de una biopsia.

Con respecto al tratamiento va a depender de la localización, el tamaño y el tipo histológico, así como la edad y el estado general del paciente. El método más eficaz es la extirpación quirúrgica, que debe realizarse con un margen de seguridad. Otras opciones terapéuticas son la criocirugía y la electrocirugía, aunque sólo en el caso de lesiones pequeñas y que no se localicen en sitios de riesgo.

En carcinomas basocelulares superficiales puede usarse una crema de Imiquimod al 5%, que representa un tratamiento efectivo y que no deja cicatrices, por lo que el resultado cosmético final es excelente. Por último, también disponemos de la terapia fotodinámica, que consiste en aplicar una sustancia fotosensibilizante, que se absorbe de forma selectiva por las células tumorales, de forma que al ser posteriormente iluminadas con una luz de adecuada longitud de onda resulten destruidas. Es un tratamiento que resulta adecuado en caso de carcinomas basocelulares superficiales, con un gran resultado estético ya que evita la formación de cicatrices. En nuestra consulta ofrecemos la posibilidad de tratamiento con terapia fotodinámica a nuestros pacientes, en caso de considerarla la mejor opción terapéutica en su caso particular.